
La chica miraba hacia la gente, nadie le hacía caso y ella lo pasaba mal. Estaba sola. En un mundo oscuro y sin hábitat, al lado de uno colorido y lleno de vida. La muchacha lloraba en soledad cada noche, viendo como su luna nunca se alejaba de ella para que viniese el sol. Y yo, desde mi lado colorido, la vi. Y enamorado de ella me adentré en el mundo de la oscuridad para traerla a mi mundo. Jamás volvería a estar sola o triste. Pero la montaña era peligra. El camino era rocoso y la chica inalcanzable. Tras la chica había un viejo árbol, tan grande como mi sol, pero más chico que mi mundo. Utilizando mi imaginación y mi amor por ella, lancé una cuerda que maravillosamente se agarró al tronco de aquel gran árbol. Escale y me esforcé y aun con varias heridas llegué hasta mi amada. La cogí de la mano y la besé. Entonces, me miró y sonrió. Nos alejamos de aquel mundo inmerso en la negrura y nos adentramos en el color. Su vida acababa de empezar.
A la sombra del color
Publicado por
Unknown
viernes, 3 de diciembre de 2010
Etiquetas: cuentos , filosofia , historia , inpiraciones , pensamientos , relatos
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