El lago de los sueños


Aún recuerdo tu nombre, tus doloridas manos cansadas por el trabajo, recuerdo tu delgado cuerpo, podía rodearlo con un solo brazo, recuerdo las curvas de tu cintura, curvas perfectas, parecidas a las del pañuelo que se humedece a cada palabra de esta carta con una nueva lágrima...
Pero lo que jamás podré quitarme de mis más remotos recuerdos son los distinguidos rasgos que componían tu bello rostro, tus grandes ojos almendrados capaces de fulminar el olvido y el vacío con una sola mirada, y tus perfectos óvalos que hacian tus mejillas cuando clavabas tu sonrisa en los pequeños seres que nos acompañaban en nuestro lago, fuera del espantoso mundo al que dios nos había castigado a pertenecer.

Por aquel entones, el mundo en el que habitaba la población era diferente, no había radios ni ordenadores, y ni mucho menos un bolígrafo para poder escribirte una carta como esta, solo había tristeza, dolor, oscuridad y resignación.
Éramos exclavos de las familias, al igual que cualquier otra persona que fuese considerada "superior" a la sociedad.

También recuerdo como una dama de la alta nobleza escapaba de sus aposentos, a escondidas de su padre, para vivir una historia de amor junto a un joven chico, mercader y vasallo del clero, un iluso que pensó que el amor viviría para siempre, un chico que te amó hasta el resto de tus dias y aún mas.

Pasaron los años y tú princesa,seguías reuniendote conmigo en el lago situado a las afueras de mi aldea, lejos de tu gran castillo, lejos de las abariciosas miradas de los pobres al ver a una dama rica e hija del rey.
En ese lago nos conocimos un día que, enfadada, querías relajarte fuera de aquellas altas murallas que componían la fortaleza de tu hogar.
En ese lago crecimos, y nos enamoramos, en ese lago comenzo el primer capitulo de esta historia, el capitulo del amor, el capitulo que me daria tantos momentos buenos, y el capítulo que me condenaría a buscarte vida tras vida, anhelando el amor.

Recuerdo lo mucho que te gustaba jugar con la tibia agua del lago, y soñar junto al dulce aroma de las redondeas florecillas que brotaban de la tierra santa, nuestra tierra santa.
Lejos de la nobleza y de la aldea, allí encontrábamos nuestro espacio vital, soñábamos y nos hacíamos creer el uno al otro falsas esperanzas sobre nuestro futuro.

Una noche de tormenta, llamaste en mi hogar a la puerta, querías abandonarlo todo, alejarte de este reino cruel para poder estar conmigo. accedí sin darle oportunidad a la duda.
pasaron varios años tras montar nuestra propia granja, nos vimos obligados a trabajar para poder mantenernos y sobrevivir, fué entonces al ver tus heridas manos, cuando me dí cuenta que había destrozado tu vida por un sentimiento, amor.

Recuerdo que abrías el viejo baúl para visitar los glamourosos vestidos que conservabas de tu niñez. Pensé que lo mejor era enterrar el pasado y con él, los trajes, dado que era dificl superar los registros civiles con tales tesoros escondidos en un viejo baúl, dado que no pusiste ninguna pega, te dirigiste al lago con la prueba de tu verdadera identidad en una mano, y una sucia pala en la otra.

Esa noche no volviste a casa.

Inquieto, recorrí el lago, el pueblo, el bosque e incluso las afueras de tu abandonado castillo...
Sin resultado y con mi pecho cansado opté por apoyarme una pequeña roca iluminada por los escasos rayos de sol que anunciaban la llegada de la señora luna, miles de preguntas retóricas bombardearon mi mente... ¿Acaso, al ver los distinguidos vestidos habías decidido volver a tu reino? despues de tanton años.. ¿Me habías abandonado?.

Con la mente hecha un mar de dudas, volvía hacia casa cuando pude ver, a lo lejos, mi casa, mi antigua casa. Sentí curiosidad, así como recuerdos estúpidos de mi madre y de nuestra humillante vida.

La casa esta vacía, las calles estaban muertas. Las voces habían decaído con el paso de una fresca noticia, recurrí las vacías calles acompañado de mi amiga la soledad.

Pero...

Una vez llegado a la plaza, el centro del pueblo, por fín descubrí que no era un pueblo fantasma, la gente estaba concentrada en ese punto comos si regalasen pases para una vida mejor.
Sentí curiosidad y le pregunté a una aldenada que es lo que ocurría.
Al parecer, habían encontrado a la princesa desaparecida, enterrando unos vestidos de alto coste en un asqueroso, musgoso, triste y repugnante lago.
Pude sentir, al escuchar estas palabras traidoras, como una mano agarraba mi corazón con ánimo de arrancarlo hasta la última vena.
Mi garganta articuló tu nombre, te llamé, grité, empujé, lloré, te busqué, y te encontre.

Atada a un carcomido palo, te situabas por encima de una ramas secas acompañadas de unos cuantos troncos de madera. Tu rostro mostraba tristeza, agoía y miedo.
Una antorcha cayó desde la mano del rey, indignado por la traición de su hija, tras la primera antorcha, se depositaron numerosas estacas ardiendo.
El impacto sobre el esparto provocó el invoco de unas grades llamaradas que lamían tu bello y perfecto cuerpo.
El último rayo de sol pudo iluminarte el rostro atravesando el humo que tapaba tus ojos, provocando así que me vieras, inquieto y temeroso, mientras las llamas quemaban tu sueve piel y consumian tus últimas posesiones.
El fuego te arrebató el alma.
El sufrimiento y el impacto estranguló mi garganta hasta acabar en llantos desconsolados, que me llevarian hasta la locura.
No pude soportar una sola noche sin tenerte a mi lado. Me dirigí al lago, sin darle ningún descanso a mis tristes ojos para que pararan de llorar.
Moví mi cuerpo al son de una dulce melodía, como una danza bailé encima de las flores, reí, lloré, te añoré, y clavé el puntiagudo cuchillo sobre mi pecho.
Cahí de rodillas sobre el césped, y contemplé como nuestro lago no era musgoso y asquersoso como lo describió aquella aldeana, si no que era un lago lleno de recuerdos, amor, ilusiones y esperanzas.
Mi cuerpo se deslizó y se tumbó hasta despegarse de mi alma y mi vida. Allí, en el lago de los sueños morí, abrazando tus vestidos.

Han pasado varios siglos desde entonces, hemos cambiado de vida, estado y época.

Diariamente, miles de agujas se incrustan en mi corazón al verte, en tu nueva vida, sentada a mi lado, compartiendo asiento conmigo, el insttuto se me hace largo y solo soy capaz de mirarte.

¡Lo recuerdo todo!

Recuerdo nuestra pasada vida, nuestros sueños, nuestra vida fugitiva.
Recuerdo que te quiero, y que un día sentiste lo mismo por mí.

Con esta carta quiero transmitirte que una vez hubo un pasado, y yo, lo recuerdo.

la decisión de creerme es solo tuya.

Te amo.

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Sobre la entrada

Cuando dos sentimientos chocan y se pisan se produce una colisión.