Esclavo de la mentira


La línea entre la hierba artificial y el cielo real está rellena de verdes arbustos de plástico, de anaranjados crepúsculos de pintura y de negras piedras de granito. Nuestra vida es un ciclo de nacimientos y sucesos, dirigidos por la mano del hombre, al mando de la humanidad. Quizá este año el formato sea diferente y quizá así detrás del ventanal se esconda algo más que una simple pared formada por un sucio cartón. Tal vez en aquella rústica carretera a la que no puedo llegar estén los camellos, o la clave de nuestra vida este año sea la migración de los egipcios. El tema es lo menos importante, lo que realmente me preocupa es la incapacidad que me han regalado; Por más que me esfuerzo, no puedo articular gesto alguno. Mi cara de arcilla es esclava del bisturí humano. He sido y soy una figura sin más, una figura que solamente forma parte de una adoración. No debería tener razón o consciencia. Puede ser que simplemente simule ser un pastorcillo que pasea a sus ovejas y saluda a la señora de rojo que varea a su vez un olvido, puede ser que bajo y entre mis piernas se encuentre una plataforma de barro para mantenerme en pie y puede ser también que tanto por dentro como por fuera sea de barro. Pero quien dice que lejos de esta vida artificial, lejos del plástico y la arcilla no se encuentre un “más”. Puede que tal vez solo sea y debiera ser una figura de belén, pero quien dice y quien sabe que nadie puede quitarme las ganas de vivir. Dejar de transmitir y empezar a decir “Feliz Navidad”.

                       

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Cuando dos sentimientos chocan y se pisan se produce una colisión.