
En algún lugar bajo el arcoiris yace el alma de alguien, alguien quien amaba la vida, pero su espíritu se ha escapado. Se ha colado por las alcantarillas de un barrio desconocido. Descansando en paz esa pequeña ánima sigue buscando la luz de los siete colores, con la esperanza de así poder volver algún día a la vida. No recuerda nada de sí mismo: Los años que tenía o el sexo al que pertenecía. Tan solo mantiene el ansia de vivir. ¿Qué podemos hacer, nosotros los dioses, para ayudar a ese cuerpo sin bondad, ese cuerpo sin rostro y también sin maldad? Tan sólo es la sombra de la luz que un día fue.
En algún lugar bajo el arcoiris se esconden los deseos de alguien, sus sueños mas profundos y la esperanza más lógica que el humano ha conocido. Díganme señores dioses, ¿Qué debemos hacer con esa gran desesperación? ¿Deberíamos esforzarnos para comprender la lengua que nadie conoce aún? El lenguaje más justo que basa su balanza siempre hacia un mismo lado, el que da paz a los seguidores de Jesús y a los de Judas. Ese lenguaje que tan sólo mira por su mano, sin prejuicios ni lamentos, sin oportunidades ni perdones. Tan sólo paz. La lengua de la muerte.
Díganme dioses del Olympo ¿Qué debemos hacer con éste pequeño ser de la oscuridad que habita en algún lugar bajo el arcoiris?
Azul como el cielo, verde como la naturaleza, amarillo como el sol, azul oscuro como los mares, morado como la penumbra, naranja como el amanecer y rojo como el atardecer. Los siete colores de la vida que observan las ánimas quemándose los ojos.
Si la muerte es una balanza justa, para cerrar la puerta del infierno también deberíamos cerrar la del cielo. Y para acabar con la muerte deberíamos dar fin a la vida. ¿Pero acaso acabar con la vida no es el significado de la muerte? La muerte es el único ser que posee justicia, podemos desearla y acercarnos a ella los demás, pero jamás seremos justos.
Por eso, aunque llore aquella alma en pena no podemos ni debemos hacer nada. Dioses del Olympo que custodiamos al arcoiris mas colorido y a la muerte más oscura, debemos ser fuertes y no rendirnos ante la pena. Aprendamos de la nada con capucha y convivamos en muerte. Pues si al final de nuestro camino no recordamos nuestro rostro podemos mirarnos al espejo tranquilamente, pues aunque no recordemos nada, tenemos el alivio de haber sido perdonados.
Somewhere over the rainbow
Publicado por
Unknown
domingo, 25 de septiembre de 2011
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