Maldición

 

Maldición





Llegaba la primavera y una vez más, había sido traicionado por el mismo hombre. Pensó mil locuras, todo conjeturas pero finalmente, después de miles de idea y cientos de horas perdidas en pensamientos, llegó la clarividencia. Sus ojos se llenaron de lágrima cuando pudo comprobar que era cierto, todo era cierto, su corazón se contrajo. ¿Era una maldición? Todo lo que recordaba que él decía, todas sus locuras, él estaba en todas partes. Pero ahora él estaba en el mundo de otro.

De la noche a la mañana la felicidad se convirtió en problemas y a la siguiente luna los problemas se convirtieron en la felicidad de un tercero. ¿Era una maldición? Todo lo que recordaba que él decía, todas sus locuras, él estaba en todas partes. Pero ahora él estaba en el mundo de otro.


Confuso abrió su mente, intentando encontrar una explicación, ¿Fue amor verdadero? ¿Acaso fue todo una mentira? ¿Era una maldición? Todo lo que recordaba que él decía, todas sus locuras, él estaba en todas partes. Pero ahora él estaba en el mundo de otro.


Apenas sabía ya quién era, sus recuerdos del último año estaban borrosos. La mencionada eternidad se fugó a la velocidad de la luz, una metamorfosis de mariposa a larva. Ahora estaba solo, de nuevo. No era tonto, sabía que podía pasar, pero ¿tan pronto? Su corazón ya no estaba contraído, tampoco apretado ni desgastado. Estaba roto. ¿Era una maldición? Todo lo que recordaba que él decía, todas sus locuras, él estaba en todas partes. Pero ahora él estaba en el mundo de otro.

El fantasma volvió a cogerle de la mano, tirándolo al vacío. ¿Era una maldición? Tal vez, pero nunca obtendría la respuesta al igual que de muchas otras preguntas. Ya tan solo le quedaría refugiarse en su soledad, maldiciendo su dolor y esperando que volviese a llegar el invierno.



Colisión


Y la coge de las manos y ella se deja caer en sus brazos. Invadida por una extraña combinación de una rabia frustrada con una niebla de felicidad. Se miran despeinadas bajo la lluvia. Se tumban en el césped muerto y ella le dice que las flores volverán a crecer regadas con las lágrimas de una pena en decadencia.

María sigue pensando en su pequeñita y abraza su altar de piedra. El frío enroje sus mejillas, se miran sonrojadas y se sueltan las manos. Y se miran en los charcos del invierno pasado. La vida ha pasado y la muerte se la ha llevado pero ambas protegen el amor que les queda.

 Como una diosa del Olimpo, ella recoge las lágrimas de María y las suelta como rayos al vacío. Mira a su amada y le promete una nueva vida en una nueva primavera y un nuevo comienzo de esos que no olvidan. Agarran su foto y la arrugan fuerte en un último llanto de dolor.

Y después de unos últimos momentos de dolor ella le dice que sí, se esconde entre sus brazos y vuelve a sonreír.

Cumplir un año menos




Retrocediste veinte años en el tiempo y lo cambiaste todo. Cambiaste tu coche por un burro, tu teléfono por un buzón y a mí por una señora. Retrocediste tanto que el aire se volvió puro, los comercios volvieron a ser artesanales y tú volviste a nacer. Fuiste más allá de tu línea de vida en sentido contrario y fuiste la primera persona en morir después de vivir para nacer. Los pajarillos volvieron a colarse por alguna ventana y alguna señora dejó de preocuparse por su aspecto. Nunca nos olvidaremos pero retrocediste tanto que dejamos de conocernos…

Y algún día retrocederás lo retrocedido y los comercios volverán a mecanizarse, el aire volverá a contaminarse, la gente volverá a envejecer, los pajarillos dejarán de volar y tú y yo volveremos a coincidir. Un haz de luz en mitad del pasado futurista. Volveremos a mirarnos fijamente y volveremos a besarnos. Volverás a amarme y volveremos a ser uno. Volveremos a estar juntos y volveremos a llorar a solas. Y entonces, volverás a irte. Y volverás a retroceder, porque sabes bastante bien que allí no me encontrarás y la única forma de volver junto a mí es pisando tus huellas.

Un último momento.


Sentada en la incómoda silla de un hospital la chica agarraba con fuerza la mano de su novio moribundo. Él apenas podía pronunciar palabra alguna pero su complicidad y el deseo de entenderse eran tan grandes que tan solo bastaba una mirada para comunicarse. Ambos sabían que eran sus últimos momentos juntos, sus últimos momentos de intimidad y sus últimos momentos de vida. Sin apenas aliento el chico giró la cabeza hacia la silla, ella se levantó rápidamente, siempre sin soltarle la mano, y se acercó casi sin tiempo. La respiración de la amada se frenó durante unos instantes cuando él sonrió paralizándola en una posición de vacile. Dubitativa la futura soltera dejo escapar dos bocanadas de aire y volvió a quedarse inmóvil, fue entonces cuando las lágrimas afloraron en ambos amantes. Era el momento del fin, el momento de alejarse, de separarse y de despedirse. La lágrima del chico recorrió su rostro hasta llegar a su costosa sonrisa, fue entonces cuando otra de las miradas, culpables de matar a las palabras, le dijo adiós y permitieron que el rostro se relajase cerrando sus ojos y apagando su sonrisa. El rostro pasó a mostrar una satisfacción de paz. El cuerpo de la chica la obligó a respirar y fue entonces cuando una lluvia de lágrimas inundó sus ojos. El llanto era silencioso pero la impotencia en su interior gritaba con rebeldía. Los latidos de su corazón bombardeaban su pecho intentando escapar de él. Las lágrimas aún seguían saliendo en fila de sus ojos a toda velocidad y cada vez con más fuera, tanta resbalaban por todo el rostro de la chica e incluso llegaban a la mano del difunto, aun agarrada por ella.

Esas manos unidas que había estado abrazándose en vida y en la muerte de una de ellas se desvanecieron como la vida del reciente amor. Ahora libres las manos de ella empezaron a agitarse nerviosas, los dedos descolocados y las muñecas irritantes mientras que las manos de él se dejaron caer por el propio peso de su carne muerta.

La muchacha, en un intento de cordialidad, se pasó las manos por su rostro para aclarárselo y más tarde llevó las manos mojadas a su pelo apartándolo de su cara y ver con claridad como su amante yacía en la cama, sin vida.

Ellos ya sabían acerca de la enfermedad de él desde hacía tiempo atrás y ella creía estar preparada para ese momento, pero como todos los ingenuos que piensan con certeza, se equivocaba en cómo sería. Finalmente besó a su novio sin vida a la vez que familiares entraban en la habitación para socorrerla y consolarla. Fue entonces cuando se acabó su último momento a solas, su último momento de intimidad, su último momento de amor.

Somewhere over the rainbow


En algún lugar bajo el arcoiris yace el alma de alguien, alguien quien amaba la vida, pero su espíritu se ha escapado. Se ha colado por las alcantarillas de un barrio desconocido. Descansando en paz esa pequeña ánima sigue buscando la luz de los siete colores, con la esperanza de así poder volver algún día a la vida. No recuerda nada de sí mismo: Los años que tenía o el sexo al que pertenecía. Tan solo mantiene el ansia de vivir. ¿Qué podemos hacer, nosotros los dioses, para ayudar a ese cuerpo sin bondad, ese cuerpo sin rostro y también sin maldad? Tan sólo es la sombra de la luz que un día fue.
En algún lugar bajo el arcoiris se esconden los deseos de alguien, sus sueños mas profundos y la esperanza más lógica que el humano ha conocido. Díganme señores dioses, ¿Qué debemos hacer con esa gran desesperación? ¿Deberíamos esforzarnos para comprender la lengua que nadie conoce aún? El lenguaje más justo que basa su balanza siempre hacia un mismo lado, el que da paz a los seguidores de Jesús y a los de Judas. Ese lenguaje que tan sólo mira por su mano, sin prejuicios ni lamentos, sin oportunidades ni perdones. Tan sólo paz. La lengua de la muerte.
Díganme dioses del Olympo ¿Qué debemos hacer con éste pequeño ser de la oscuridad que habita en algún lugar bajo el arcoiris?
Azul como el cielo, verde como la naturaleza, amarillo como el sol, azul oscuro como los mares, morado como la penumbra, naranja como el amanecer y rojo como el atardecer. Los siete colores de la vida que observan las ánimas quemándose los ojos.
Si la muerte es una balanza justa, para cerrar la puerta del infierno también deberíamos cerrar la del cielo. Y para acabar con la muerte deberíamos dar fin a la vida. ¿Pero acaso acabar con la vida no es el significado de la muerte? La muerte es el único ser que posee justicia, podemos desearla y acercarnos a ella los demás, pero jamás seremos justos.
Por eso, aunque llore aquella alma en pena no podemos ni debemos hacer nada. Dioses del Olympo que custodiamos al arcoiris mas colorido y a la muerte más oscura, debemos ser fuertes y no rendirnos ante la pena. Aprendamos de la nada con capucha y convivamos en muerte. Pues si al final de nuestro camino no recordamos nuestro rostro podemos mirarnos al espejo tranquilamente, pues aunque no recordemos nada, tenemos el alivio de haber sido perdonados.

La presa del águila


El señor Hopkins era un hombre organizado. Los lunes limpiaba su casa, los martes hacía la colada, los miércoles planchaba la ropa y los jueves cortaba su césped. Después le quedaba su día libre que aprovechaba para tomarse una copa de vino mirando por su ventana o tomando el aire fresco de su porche. Este buen vecino quería y era querido en su vecindario y muchos de los niños se acercaban a él cuando lo veían. El señor Hopkins era feliz y estaba totalmente lleno de satisfacción. Pero Si una cosa echaba en falta el señor Hopkins era asesinar a su vecina, la señora Esther Zanzíbar. Cada viernes, mientras se tomaba su copa de vino blanco, el señor Daniel Hopkins observaba a Esther con descaro no disimulado.
La señora Zanzíbar era una mujer entrada ya en los años avanzados. Su temprana viudez la había dejado con muchas cosas: Muchas deudas por pagar, muchas lágrimas que derramar o muchos años que vivir sola. Pero sobre todo, muchos planes de futuro rotos. Esther se casó muy joven, apenas tenía veinte tres años y ya esperaba su primer hijo. Pero su marido murió en mitad de un tiroteo en chicago. Esther no pudo soportar su muerte y su pena se manifestó en forma de aborto. Las deudas y la intranquilidad obligaron a la señora Zanzíbar a vender su casa en chicago y mudarse a un bonito barrio a las afueras de nueva york.
Pocas semanas después de la mudanza, otra familia, la que sería muy feliz, se trasladó a la casa de al lado. La inocente de Esther les dio la bienvenida con una sonrisa y una flor para el pequeño.
Las cosas iban bien en ese humilde barrio salvo por un pequeño detalle; Cada vez que los Hopkins discutían, el pequeño Daniel salía al balcón y miraba a la señora Zanzíbar a través de su ventana. Ella no se daría cuenta hasta tres años más tarde, cuando tras ducharse decidió abrir la ventana para dejar escapar el vapor y vio al hijo de los Hopkins mirándola con la mirada de un águila. Con los ojos muy abiertos y la mandíbula retorcida.
Desde la muerte de sus padres, Daniel Hopkins se había encargado de mantenerse vivo sin ayuda de nadie. No le hizo mucha falta buscar trabajo, pues podía costearse con la herencia de sus padres. Muchas personas fueron a darle el pésame al joven Daniel cuando se quedó huérfano, casi todo el pueblo y todo el vecindario. Todos menos una mujer: La asustada Esther Zanzíbar.
Daniel Sujetaba la copa de vino del viernes con sobresaliente fuerza mientras miraba a Esther cuidar sus rosales o recoger el correo. El señor Hopkins no la odiaba ni le guardaba ningún tipo de rencor, simplemente sentía ganas de matarla. Y eran tantas sus ganas, que muchas de las copas se rompían en sus dedos.
Daniel tenía una libreta en su habitación. En ella, cientos de bocetos e ideas para matar a la señora Zanzíbar se escribían. Pero ninguno era satisfactorio, el señor Hopkins quería encontrar la manera con la que llegaría al clímax. Y es por esto el por qué la miraba tan fijamente desde su juventud. La observaba y se imaginaba con algunas maneras de matarla, al final del día escribiría en su cuaderno las más placenteras.
Daniel Hopkins era un hombre paciente, pero tenía treinta y cuatro años y la señora Zanzíbar los setenta. El buen vecino sabía que si no se daba prisa, la naturaleza podría arrebatarle su razón de vivir, y es por eso que una noche se presentó en casa de su vecina. Tenía un plan; Conduciría a Esther hasta la escalera, donde ataría una cuerda a su cuello, pies y manos a la barandilla, después la dejaría caer sin dejar que muriese. Tras la pérdida de oxígeno y el golpe, la señora Zanzíbar debería estar débil y confusa, es entonces cuando el señor Hopkins abriría su estómago a golpes con sus propias manos. Luego destrozaría su cadáver y lo escondería en la tumba que ya había comprado con un nombre y apellido inexistente.
Pero lo que Daniel no sabía es que la barandilla de la señora Zanzíbar estaba carcomida por las termitas y cuando fue a soltarla, ésta se partió y la señora cayó sobre ella. Conmocionada por el golpe, Esther se libró de sus cuerdas y se levantó. Vio cómo su agresor bajaba las escaleras con intención de acercarse a ella. Esther se levantó y corrió hasta la cocina, asustada empuñó un cuchillo típico de las películas de terror y pidió auxilio con la poca voz que le habían dejado los años. Daniel se acercaba cautelosamente hacia su presa, con sus ojos de águila y saltó hacia ella. Cuando despertó, un charco de sangre empapaba el suelo, y bajo él, la señora Zanzíbar lloraba asustada, inmóvil manteniendo el arma que atravesaba el costado de Daniel. Éste se levantó y observando el cuadro, se sacó el cuchillo y se lo clavó a Esther. Una y otra vez. Y mientras ella lloraba y pedía clemencia, y mientras la apuñalaba lamiéndose la saliva que le iba cayendo. Una joven pareja se besaba en la puerta de casa, un matrimonio hacía el amor y otros se drogaban con la música bien alta. Daniel disfrutó su momento y ni en sus cientos de planes escritos ponía que la forma más sencilla sería la que le hiciese llegar a su orgasmo más negro. Y mientras Daniel se lamía esta vez la sangre de sus dedos, la gente bebía agua, apagaba las luces y se dormían, sin enterarse jamás que la señora Zanzíbar se descompondría en la tumba de una tal Samanta Preston.

Esclavo de la mentira


La línea entre la hierba artificial y el cielo real está rellena de verdes arbustos de plástico, de anaranjados crepúsculos de pintura y de negras piedras de granito. Nuestra vida es un ciclo de nacimientos y sucesos, dirigidos por la mano del hombre, al mando de la humanidad. Quizá este año el formato sea diferente y quizá así detrás del ventanal se esconda algo más que una simple pared formada por un sucio cartón. Tal vez en aquella rústica carretera a la que no puedo llegar estén los camellos, o la clave de nuestra vida este año sea la migración de los egipcios. El tema es lo menos importante, lo que realmente me preocupa es la incapacidad que me han regalado; Por más que me esfuerzo, no puedo articular gesto alguno. Mi cara de arcilla es esclava del bisturí humano. He sido y soy una figura sin más, una figura que solamente forma parte de una adoración. No debería tener razón o consciencia. Puede ser que simplemente simule ser un pastorcillo que pasea a sus ovejas y saluda a la señora de rojo que varea a su vez un olvido, puede ser que bajo y entre mis piernas se encuentre una plataforma de barro para mantenerme en pie y puede ser también que tanto por dentro como por fuera sea de barro. Pero quien dice que lejos de esta vida artificial, lejos del plástico y la arcilla no se encuentre un “más”. Puede que tal vez solo sea y debiera ser una figura de belén, pero quien dice y quien sabe que nadie puede quitarme las ganas de vivir. Dejar de transmitir y empezar a decir “Feliz Navidad”.

                       

Princesa de vacío


Cerca del 1864 la guerra había acabado y la gente comenzaba a viajar, volviendo a casa o a buscar un hogar nuevo. Aún quedaban malheridos y catapultas en desuso en mi pueblo y un día cualquiera coloqué mi sombrero texano sobre mi cabeza y me senté en un banco frente a la estación de tren. Encendí un cigarrillo y tras fumar una calada expulsé el humo mientras alzaba la cabeza y miraba al cielo. Era una mañana de primavera, hacía un fuerte viento y el aire se colaba entre montaña y montaña regalándonos un fuerte aroma a pino.
La llegada de un nuevo tren y su contribuyente ruido me sobresaltaron, pero no tanto como la belleza de una dama que bajó de éste. Vestía un lujoso vestido verdoso, amplio y largo; hasta los tobillos. Lucía también unos guantes de terciopelo blanco y los conjugaba con unas magníficas joyas. Los rayos del sol no podían penetrar el tocado que la protegía. Llevaba un recogido perfeccionado y entre sus brazos, como una serpiente pasando por su espalda, colgaba un fular blanco marfil. A su lado, un hombre robusto y bien trajeado le llevaba el equipaje. Momentos antes de pasar de derecha a izquierda por delante de mí la chica alzó su cálido rostro y me miró. Tan sólo fue un instante, pero sus ojos almendrados y verdes como la oliva me cautivaron. La ceniza se derramó sobre mis pantalones, aunque gracias a mis reflejos no llegaron a quemarse. Cuando volví a mirarla, ya había desaparecido. Y pasadas dos semanas de la llegada de la dama volví a encontrármela. Yo era un cazarecompensas (el mejor de mi zona) que trabajaba a cargo del Sheriff del pueblo. Y ésta era su hija, su intocable hija. Apenas me miró cuando me la encontré en la oficina del sheriff, se mostraba fría y pasiva, era la princesa de hielo. El jefe inadvirtió mi evidente atracción y me asignó un nuevo caso; debía derrocar a un villano que se escondía en las colinas y robaba a la gente, sus trabajos eran limpios y no dejaba huella; Su recompensa era altamente atractiva. Y con el corazón congelado y un nuevo objetivo esperé a la noche y me adentré en el bosque. Avancé por la maleza hasta que llegué a un edificio de escasos recursos, apenas tenía cristales en las ventanas y el tejado estaba destruido. Unas cuantas tablas bloqueaban la entrada principal. Rodeé la casa y tras ella, encontré un cementerio. Atónito me acerqué cautelosamente. Eran tumbas alienadas y organizadas imperfectamente. Sobre cada montón de tierra se encontraba un crucero hecho de piedra.
Seguí investigando la zona pero no había rastro del ladrón. Esperé y esperé, hasta que alguien apareció. Era ella, la hija del sheriff. Me escondí y la seguí con la mirada. Disimuladamente miró a su alrededor y cavó un nuevo hoyo donde enterraría las joyas que había robado esa noche. Después de hacer la cruz y situarla encima de la tumba se perdió entre los árboles bañada en tierra. Apenas podía creérmelo y corrí al cementerio del oro. Cavé y cavé y sólo joyas encontré. No era solo una ladrona de alientos. Miré mi revólver y me adentré en el pinar para encontrarla. Llegué a un río, ella se estaba lavando el vestido y sorprendida cayó sobre el agua al verme. Saqué mi arma y la apunté, sin embargo fui incapaz de disparar. Me acerqué a ella y la cogí de la mano, y entonces empezó a reírse. Escuché como a mis espaldas como el martillo de un revólver se preparaba para disparar. Me giré y seguidamente el sheriff me disparó. La dama se levantó y me apartó de su lado utilizando la pierda. Caí sobre el flujo del río y mientras la chica se desnudaba, el sheriff se acercó a mí y volvió a apuntarme. Mi amor se quitó el vestido rosa que lucía momentos antes, no tenía pecho. Pero sí un fuerte abdomen y pectoral. Se quitó sus guantes y los tacones, también la falda y la faja. Por último se deshizo de la peluca. Mi princesa de hielo era un inmenso vació, era un hombre. El sheriff volvió a dispararme y lo miré. Descubrí en sus ojos la farsa, tan sólo querían oro y un cazarrecompensas no servía ya de nada acabada la guerra. Otro disparo me fulminó y el joven muchacho le arrebató la pistola a su padre, me miró fijamente y me disparó el último disparo. La vida se escapaba de mi cuerpo, ambos se alejaban y poco a poco fui cerrando los ojos. Me dejé llevar y me casé hasta la eternidad con el agua del río y su corriente.

El ciclo sin fin


Solo un poco más. Simplemente un día perfecto. Sólo un poco más. La pesadilla se repetía una vez tras otra. Cada mañana despertaba en la misma camilla de operaciones, el mismo cirujano abría mi pecho, la misma calculadora de latidos y la misma pantalla del ordenador de presión se paraban. Todos los días la misma muerte. Todos los días las manos del doctor presionando sus nudillos contra mi corazón. Todos los días se repetían los mismos puntos; la misma hipótesis del cirujano antes de operarme y el mismo sentimiento al abandonar mi cuerpo. ¿Qué más da la táctica que usen si ya he muerto más veces que años tengo? Siento que jamás podré dejar escapar esta pesadilla, me encuentro en un bloque vicioso e interrumpible. Estoy atrapada en la tercera planta del hospital que hay a la vuelta de la esquina de mi casa. Siempre el mismo recorrido sigue mis pasos para acabar muriendo. ¡Oh dios! Dejadme decidir de una vez que quiero hacer, dejar de morir. Ha pasado demasiado tiempo y necesito descansar. La muerte no es como la imaginé, el cielo no es tan hermoso como me contaron. El hedor del quirófano me está destrozando. Ya no sé si estoy viva o muerta, pero lo que sí es seguro es que jamás pasaré las rejas del edén, jamás podré caminar por encima de una nube y jamás me darán a probar las uvas del cielo o cualquier otro manjar. Esta noche volveré a morir y como nunca antes nadie lo había deseado; Espero no volver a despertar mañana.

A la sombra del color



La chica miraba hacia la gente, nadie le hacía caso y ella lo pasaba mal. Estaba sola. En un mundo oscuro y sin hábitat, al lado de uno colorido y lleno de vida. La muchacha lloraba en soledad cada noche, viendo como su luna nunca se alejaba de ella para que viniese el sol. Y yo, desde mi lado colorido, la vi. Y enamorado de ella me adentré en el mundo de la oscuridad para traerla a mi mundo. Jamás volvería a estar sola o triste. Pero la montaña era peligra. El camino era rocoso y la chica inalcanzable. Tras la chica había un viejo árbol, tan grande como mi sol, pero más chico que mi mundo. Utilizando mi imaginación y mi amor por ella, lancé una cuerda que maravillosamente se agarró al tronco de aquel gran árbol. Escale y me esforcé y aun con varias heridas llegué hasta mi amada. La cogí de la mano y la besé. Entonces, me miró y sonrió. Nos alejamos de aquel mundo inmerso en la negrura y nos adentramos en el color. Su vida acababa de empezar.

El anhelo de su ser


El anhelo de su ser
agranda mi agonía,
como lazos afilados
asesinan mi utopía


Oh grandioso sentimiento
se ha callado para hablar
y se ha negado a firmar
Oh melódico firmamento

Arrebatadora catedral
devuélveme a mi novia
o te entregaré a la mar

Tras disparos asesinos
y escondites malnacidos
necesito alzar cabeza
y encontrar dama nueva

Oh grandioso sentimiento
se ha callado para hablar
y se ha negado a firmar
Oh melódico firmamento

Hipócrita soñador,
iluso de la vida
que deseas encontrar el amor
la muerte recibirás algún día

Mi objetivo es alcanzar
esa meta tan alejada
que ni se ve ni se oye
y en mis manos está acostada

Oh maldito sentimiento
ha hablado para callar
y ha lanzado el bolígrafo al azar
Oh maldito firmamento

Caramelos de arena


Casi todas las tardes mi mamá suele llevarme al parque. Allí todos se juntan y juegan unos con otros mientras las madres hablan sobre asuntos sin importancia. Todos se juntan en grupos y miro a mi derecha: Los niños juegan al escondite, al pilla-pilla o a las canicas. Y miro a mi izquierda: Las madres discuten, elogian o critican. Y yo, en medio, solo.
No me molesta, salgo corriendo. ¡Alcanzo la cima de la montaña! Mi espada es más poderosa que cualquier palabra, el dragón guardián de las viejas tierras se enfada. Intenta detenerme, pero no lo conseguirá; Lanza sus grandes bolas de fuego y aunque me sean más ardientes y grandes que las canicas las repelo de un espadazo, soy invencible. Soy la leyenda, el caballero que salvará al parque para que los demás disfruten, soy el Quijote que salvará a alguna Dulcinea. El dragón intenta morderme, pero de un salto heroico me abalanzo y caigo sobre sus lomos. Es el momento clave y único; Alzo mi espada con la hoja hacia abajo y la bajo fuertemente. La piel del dragón es dura como una roca de metal, pero yo tengo la bendición divina que me otorgó mi mamá, la reina todopoderosa de mi casa. Asique consigo hincar la espada y atravesar su espalda, he vencido al dragón. Todos se asombran y me aplauden, soy el salvador. Hago los honores y arranco la piel al tirano, ¡está relleno de caramelos! La sonrisa de la gente es inmensa, mi pueblo está feliz.
Llega el atardecer y miro a mi derecha; Ya no hay nadie, los niños se han ido. Y miro a mi izquierda: Las madres también se fueron, sólo queda la mía… Está sentada en el banco más lejano, está llorando. Siempre hace lo mismo cuando tenemos que ir al hospital al día siguiente. Y es que soy un caballero, pero no consigo destruir al que según el médico es mi mayor adversario y por el que mami llora. No lo conozco, pero algún día me veré las caras con ese tal “Down” y le devolveré la sonrisa a mi mamá.

El secreto de Linda


Intento descubrir el mayor misterio que puede relatar mi imaginación, me llamo Linda y tengo 5 años. Vivo en una villa cerca de un lago, un lugar pequeño pero humilde. No sé cómo pero creo haber pensado en algo en que nadie pensó jamás. El misterio de la luz y la oscuridad, del blanco y el negro, el misterio de la seguridad y el miedo, del calor y el frío; El misterio de la vista. Cada tarde me gusta acudir al río, escuchar el movimiento del agua y sentir el humedecer la piel. También me gusta reflejarme en el agua y sentir como los rayos de sol rompen ese reflejo. Una vez intenté atravesar el espejo de gotas, y entonces quedé atrapada para siempre en él. Hoy día soy la reina del lago, veo los peces y las plantitas, también veo como otras personas intentan reflejarse, es una lástima no poder salir del agua, volver a hablar con mi mamá o simplemente hablar. Pero aunque ahora mi eternidad pertenezca al cáliz de la vida, seguiré observando tanto como hasta ahora. El secreto que he descubierto es algo que no puedo explicarme. La profundidad de mi nueva casa es verdosa y está sucio pero aún así la luz del sol es tan fuerte que tapa la más mínima grieta de contaminación. He descubierto que la noche no existe en sí, si no que no es más que la ausencia del sol. La gente teme a la noche pero en verdad solo necesitan al sol. Desde las profundidades siento la veracidad de la luna, ella brilla con un color más dulce, no es tan intensa como el sol y no hace tanto daño, aún así menos querida, es repudiada. He descubierto el mayor misterio del universo, pero aún no lo he resuelto. Quiero gritar a mi mamá y contarle lo que he vivido, pero si lo hago tragaré agua y me volveré a ahogar, ¿Puede alguien contárselo de mi parte? Linda

Caballero solitario


La soledad es mi camino, el viento es mi espada y las rocas mis enemigos. Pocos saben cómo me siento, nadie se imagina mi dolor. Voy de un lado a otro ayudando a los demás; sacando sonrisas o apagando penas. Todos recurren a mí, todos se fusionan conmigo y se emocionan cuando me alzo, sin embargo estoy solo. Me apedrean y me descuartizan, he pasado de ser aquel ser respetado a ser un juguete para los demás. Me siento triste, la humanidad ha pasado de ser parte de este mundo a ser el mundo. Debo proteger las vidas que en mí contengo, las vidas que viven por y para mí, aquellas almas a las que aún les queda un poco de pureza. Soy un caballero solitario y la paciencia en sí pero no por eso soy inmune al dolor de ser apuñaladas artificiales y a ser pisoteado por los titanes de hierro. Por favor, como compañero, amigo y vecino te digo, respeta cada uno de mis brazos como yo respeto los tuyos.

Poseidón

Thomas (1922-1992)



Nadie puede comprender el dolor que te abraza cuando te sientes anomalía hasta que lo sufres, antes, yo era un chico normal, jugaba al fútbol y reía con mis compañeros de clase. Ahora me he visto obligado a dejar el fútbol, y refugiarme en la lectura para así poder no vivir mi historia.
Sales a la calle y notas cómo las miradas pesan más que el plomo. Infinitas de ellas se cruzan a lo largo del día, unas son simples curiosas que buscan lo nuevo, otras son solo por deber, deber que sienten al saber algo que no debían y sienten la necesidad de profundizar ese saber. Otras miradas son de deseo, deseo ignorante o deseo escondido tras muros de terror, en cualquiera de los casos ese deseo quedará en simples momentos. Otras miradas están cargadas de odio, rechazo o hipocresía. Andando entre miradas, sientes la necesidad de agachar la cabeza o mirar hacia otro lado, yo opté por no salir de casa. Puede que incluso sólo sea por obsesión pero sientes cómo un egocentrismo se apodera de ti, para así alejarte en el olvido del olor a sociedad.

Mi nombre es Thomas y voy a contaros mi historia:

Tenía doce años cuando llegué a River High School, era una escuela de secundaria donde aquel que pisaba debía ser acribillado. Me es difícil expresar el primer día en River, sin duda alguna, no estaba orientado a la moda ni tampoco cumplía una altura admirable para el baloncesto, nunca llegué a ser una persona muy reconocida en ese centro, puede que mas tarde, a los dieciséis años lo fuese, pero aún voy por los doce. Pasaron varios meses, y conseguí pasar desapercibido, el nuevo entrenador de fútbol era bastante exigente, las duchas en grupo nunca me motivaron.
Siete meses después de mi llegada al centro, descubrí como una palabra podía escribir mil relatos, cómo podía hacer volar a las aves a lo más alto, y cómo también podía hacer sentir inferiores a ciertas personas, nunca me paré a pensar si realmente tenía ``pluma´´ como ellos lo llamaban, ni siquiera pensé que era homosexual ni nada parecido, ¡Qué locura por Dios!

Mi fama de afeminado tuvo su esplendor a los trece años, los matones ya no querían divertirse con cualquier alumno e inventarse falsas excusas, ahora me tenían a mí. Con el morbo que les daba la idea de pegar a una chica, pero ocultarlo pegándole a un chico, ese año, mi camino en el fútbol se vio interrumpido por puntuales accidentes, como romperme una pierna o un brazo `` cayéndome por una escalera.´´ Fue un año duro.

En 1936, con catorce años conseguí aislarme un poco, automarginarme para estar más tranquilo. Descubrí una sucia biblioteca que llevaba varios años escondida en la vida de River, mi presencia allí no era molesta, desde aquel día descubrí un universo paralelo incógnito enlazando palabras. Un día cualquiera, mis conocimientos adquiridos dieron a luz cuando un chico con unos trece años se me acercó para preguntar cierta cosa sobre cierto tema, desde aquel día, Matt y yo empezamos a vernos cada tarde en la biblioteca, tiempo después, quedábamos fuera de ella, así hasta darnos cuenta de que no solo éramos simples amigos.
Nuestro profesor de ética dijo que solo era una fase pasajera y que se nos pasaría al avanzar en nuestra temprana edad. Matt consiguió superar esa oscura fase, pero yo me quedé estancado en ella.

A mis quince años conocería a mi primer gran amor, el cual sería Michael Spencer, un chico deportista y popular, nos conocimos en un supermercado haciendo la compra del mes, nos mirábamos a través de las filas de tomate y azúcar, cruzamos algunas palabras, y acabamos metidos en la cama de sus padres. Pasamos todo un año juntos, a escondidas de los demás, realmente no sé por qué nos odian tanto. Cuando se enteraron de lo mío con Michael comenzaron a relacionar lo diferente con lo peligroso, pasamos unos meses de puro miedo, las amenazan eran abundantes y no era de extrañar que alguien te golpease la espalda ``accidentalmente´´. Ese año fue el mejor de mi vida, pero también el peor, cuando los padres de Michael se enteraron por boca ajena, lo torturaron, lo intentaban convencer de ir por la buena senda, que dejara atrás ese tipo de perversión y que se centrara en lo importante: Casarse, tener hijos, y morir.
Morir... eso fue exactamente lo único que se cumplió del deseo de sus padres. Michael apareció una mañana con grandes heridas en diversas partes del cuerpo, a causa del desangre durante toda la noche. No podía articular palabra, mis ojos se ruborizaban al verle, las lágrimas se apoderaban de mis pensamientos inundando toda la parte neurológica que me permitía pensar. La familia Spencer me culpó por la muerte de su hijo, el cuál se había dejado influir por ideología viciosa, así era como determinaban la homosexualidad. Más tarde, en 1980 conseguí reabrir el caso y gracias al nuevo sistema de ADN la madre de Michael, Claire Spencer sería condenada por homicidio voluntario contra Michael Spencer.

Cuando cumplí los dieciséis años, fui un chico bastante popular en el instituto como el gay de River. No tenía miedo a nada, no tenía amigos, y no quería tenerlos. Empecé a sentirme sólo y a escupirme en la cara, ¿Tendría yo la culpa de ser así? Un cerezo no tiene la posibilidad de elegir sus frutos.
No recibí ayuda alguna por parte de segundas personas, pero tampoco recibí ayuda de mí mismo, el automarginarme apoyó la decisión del suicidio, pero tras varios intentos, fracasé o simplemente no me vi capaz de hacerlo, aunque ansiaba en deseos.

En 1943, con veintiún años conseguí entrar en una de las más prestigiosas universidades madrileñas, el pensamiento nazi había dejado huella en las mentes del momento, y no era conveniente dar a luz mi orientación sexual si quería tener un poco de seguridad y dignidad. No es difícil darse cuenta de la diferencia del trato gay al trato heterosexual, empiezas a ser popular entre las chicas, recuerdo incluso que tuve alguna que otra pelea por ``mirar a la chica equivocada.´´ Son esos los momentos en los que me gustaría gritar a dios lo orgulloso que estoy de mi orientación, pero nuevamente digo, eso sería darle razones de sobra para no parar.
Un año después de entrar en la universidad conocí a María y a Carlos, a las chicas les flipaba que fuese inglés, ninguna de mis pretendientes supo jamás que yo abandoné Inglaterra para intentar así, abandonar también a Michael.
Empezé a salir con María aunque realmente a quién amaba era a Carlos, la relación duró dos largos años, aprendí a valorar realmente a María, la que tras saber mi condición se convirtió en mi mejor y única amiga. Fue una mala suerte que ella estuviera en el peor sitio a la peor hora, pues fue la única víctima del famoso atraco en Boston, en un verano singular.
Desde aquel día pasaron cientos de más, a cual más peor, pues estando sólo nuevamente, encontré estancia en la lectura, una estancia de la que nunca he podido escapar, pero si aparcar cuando en 1958 con treinta y seis años me reencontré con Carlos en el mismo supermercado en el que conocí a mi gran amor, Carlos decidió seguir estudiando después de graduarse en Madrid, ahora estaba estudiando idiomas y para perfeccionar la lengua inglesa se mudó a Saint Andrews, un pequeño barrio de Escocia.

En 1957 Carlos y yo pasamos de ser amigos a marido y marido, fue la época de oro de mi vida. Carlos y yo estuvimos casados durante treinta y dos años debido a que en 1989 murió de cáncer de pulmón, fumaba demasiado.
Tres años después llegamos al 17 de enero de 1992 dónde encamado en un hospital soy feliz al ver por la ventanilla cómo dos hombres se agarran de la mano sin ningún miedo, estoy feliz de saber que en casi un siglo, después de pasar guerras y desgraciadas ahora el mundo es un poco mejor, también lo estoy por saber que no duraré mas de veinticuatro horas pues el archienemigo de muchos, el mismo que se llevó a mi Carlos ahora se despierta en mi cabeza.

Sólo falta un mes para que nazca el chico que me entienda y pueda escribir esta biografía que me deja como a un bicho raro, pero que también es un breve ejemplo para muchos.

Por favor, querido lector, tu que puedes, no te calles, no te escondas, avanza con la cabeza alta y demuestra tu lealtad al orgullo, y por favor recuerda que no estas solo, que el apoyo estará delante tuya si tan solo eres lo suficiente fuerte para entreabrir los ojos que aprietas con tanto miedo y dejas caer la lágrima que retienes.


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Una carta de yo a yo.


Supongo que como en el cine si estás leyendo esta carta es porque ya no estoy a tu lado. Mítica frase de adelanto de acontecimientos, pero que profunda, es aterradora. No te preocupes aunque yo no esté a tu lado, aunque mi apoyo no esté junto a tí, habrá mas personas, más mujeres. Yo era una chica como otra cualquiera, sin nada de especial. Una chica con la autoestima baja, como todas las que no cumplimos las noventa sesenta, la tristeza era algo abundante, un sentimiento que amenazaba mi mirada. A punto de inexistir a mi propio conocimiento, sincera conmigo misma: no sirvo, no serviré y nunca he servido. ¿Cuál era la razón de mi apariencia? Todo tipo de preguntas retóricas me hundían cada vez más y más. Y de repente, apareces tú... He de reconocer que cada día al levantarme y mirarte el cielo se me caía encima. No sabía si podría continuar contigo, si debía dejarte o continuar. Una vez mas, la inseguridad me poseyó. Pero ahora, sé que eres lo más importante para mí, es mas, el motivo para escribir esta carta es el porque te quiero. Debes saberlo siempre, aunque yo no esté, te amo. Aunque yo no susurre a tu lado, te quiero. Aunque otra persona te arrope y te de un beso, te amo. Aunque otra persona grite tu nombre, te amo. Si alguna vez ves un álbun de fotografías y topas con mi rostro, recuerda que esa extraña, te sigue queriendo. Nunca olvides quiente te comprendió sin hablar, o quién compartío todo sin darte nada. Yo fuí tú, y tú fuieste yo.
Debo dejar de escribir, el médico viene a mi camilla. Ojalá nunca leas esta carta y si has de leerla espero al menos tener tiempo para poder conocerte.
Recuerda, anque otras te quieran, jamás lo podrán hacer como lo hago yo.

Te quiere, mami.

Hermano del vacío


La nieve cae sobre mi delicado rostro, inundando mis pupilas castañas haciéndolas parecer del color del cielo: el cielo que nunca podre alcanzar. La navidad pesa sobre mis hombros, una devastadora soledad arranca mis pensamientos al ver la calurosa lumbre en la que se reune cada familia; donde entre besos y abrazos me hacen sentir como el ser más exiliado de la vida, aunque se que nunca saldré de ella. Pues las dolorosas espinas de una rosa ya no pueden hacer daño a mi duro corazón, solo pueden resbalar hasta caer una vez mas, en el frío tacto del agua congelada.
Me gustaría vivir en vida ajena, en esa lujosa vida que puede permitirse relucientes vestidos ajustando las caderas de una señorita y apretando los pechos de una mujer: demostrando quien es firme, y quien es anomalía. Mis caderas están cubiertas de trapos sucios, y mis pechos, a pesar de tener un gran tamaño, son ignorados por los hombres, yo soy el ser llamado en este mundo expulsado, expulsado de la vida, condenado a observar, condenado a sentir, condenado a soñar, condenado a la miseria que me rodea, pero a la que a la vez, admiro.

***

Camino hacia cualquier esquina que no pueda ver, con la botella en mi mano, vacía a causa de los tragos ya bebidos, el alcohol no hace efecto sobre mi cuerpo, ya está acostumbrado, la sucia rutina del beber se ha convertido en deber. Todas las noches salgo del trabajo, la hipocresía me retiene en la calle, compro botellas, bebo, y cuando no sé quien soy, me tomo el lujo de volver a casa, de volver a mirar a la cara a mi esposa, de escuchar los insoportables gritos de los niños, el mundo es necio, está ciego, lleno de hipócritas que no quieren ver lo que tienen en frente de la nariz: hipócritas como yo. Miro a mi alrededor, ¿De verdad es esta vida la que deseo?, le digo a mi esposa que salgo del trabajo dos horas mas tarde, para poder disfrutar de mi soledad, de mi agonía, para poder exiliarme de esta vida que no he elegido yo, porque nunca saldré de ella, porque no soy parte de ella.

***

Podría tenerlo todo, podría vivir la vida de forma normal, sin ningún tipo de reproche, podría contemplar un amanecer sin miedo a la luz, contemplar un atardecer sin miedo a la oscuridad, podría, si solamente ocultare mi verdadero yo y fingiese ser el que todo el mundo quiere que sea.
Entro en casa y no me cuesta mucho darme cuenta de que todas las miradas apuntan hacia otro lado, con la cabeza agachada llego hasta la mesa, donde se sitúa un vapor procedente de la sopa, me siento y cojo la cuchara, como. Nadie habla, nadie es capaz de decir una sola palabra, menos él, mi padre. Entre insultos y burlas me es capaz de expresar lo que no dicen las palabras, el odio inmenso que contiene su apretón de dientes, la rabia que contienen sus palabras. El dolor de mis oídos es el dolor de mi existencia. Desde que la gente sabe quien soy mi critican con los ojos, si miro al horizonte, lo veré negro. Algunas veces me he preguntado para que seguir viviendo así, exiliado de la vida, alienado de la faz, aún hoy, no he encontrado respuesta a mis preguntas, porque cada respuesta, es otra pregunta.
Tal vez debería fingir mi ser, ocultarme y decir que amo lo que ellos quieren que ame, esconder la verdad, y pintar de negro el resplandor del arcoiris.

***

Cada noche me levanto, como si fuese un nuevo amanecer, la cabeza me da vueltas, y el sonido es doloroso, he perdido mi calendario craneal, no se si es lunes o jueves, si estoy en casa o en la discográfica. Cuando menos me lo espero ha salido a la venta un nuevo álbum y al día siguiente tengo un concierto, la verdad, es que todo me da igual, el día, el evento...
Cuando no tienes dinero lo anhelas y cuando te sobra no sabes que hacer con el, las diferentes tentaciones son jugosas, pero siempre hay una peor, la que yo elegí. Estar drogada gusta al principio, te mareas y no eres consciente de lo que pasa a tu alrededor, pero estar enganchada es diferente, cada noche te acuestas con un tío diferente y te despiertas con las sabanas vomitadas, lloras cada día intentando dejar las acciones que te representan, pero lo mas ridículo es que quiero ayuda, la necesito, pero soy incapaz de alzar la voz, prefiero exiliarme de la vida.

***

No sabía que la infancia era corta, que los momentos bonitos sólo duran dos minutos, que la sombra de los altos árboles, no ocultan más que la crueldad de la naturaleza: Te da un poco, pero te quita mucho.
Es triste saber que por tus venas corre el cáncer, como por el campo corren las liebres.
Los pasos desalineados marcan mi camino, las solitarias calles deciden mi destino, y las apagadas farolas demuestran mi locura.
Era un día de lluvia cuando anduve por las calles tan conocidas y tan siniestras que el eco de mi voz apagada era el murmullo de la lluvia. Soy consciente de mi enfermedad, de mi estado, sé que me me queda poca vida, y que aún no he disfrutado de éste mundo, no sé los problemas de la vida, miro a mi alrededor y encuentro estúpidos sentimientos flotando por las desesperadas falsas ilusiones, la gente, vive de falsas esperanzas, mientras que la verdad la tienen escritas en sus manos, el mundo es hipócrita y afirma razones sin saber siquiera su significado y su porqué. Pensaba que estaba sólo cuando pasaba por dolorosos momentos. Al caer la noche, y ser consciente de que mi vida depende de una hora, prefiero vivirla tranquilo y a solas, andando por las calles y mirando al mundo que pronto abandonaré, es curioso ver como los matrimonios se rompen por una simple decisión errónea en el pasado y refugiarse en la bebida: Contemplé a un hombre amargado saliendo de su vida, abandonándolo todo y buscando una verdadera vida. Es emocionante ver como las jeringas son tiradas en farmacias y ver como una chica guapa con un gran futuro sale de ella con una gran sonrisa, no es bueno refugiarse en la droga. Sin embaego es triste ver como encima de una roca se posa un chico rechazado por su orientación sexual, pero bonito es cuando se quita las lágrimas de la cara y demuestra su orgullo y coraje plantando con su grito de guerra su bandera sobre los pastos de dios con al cabeza bien alta.
El tiempo se me paró, sentí un dolor algún en algún rincón de mi cuerpo, la vista se me nublaba y mi peso descendía hasta caer al suelo. La muerte estaba reclamándome, ¿Voy a morir sólo?, vivir es bonito y morir es desconocido. Los párpados se cerraban antes del último suspiro. Una chica, no de estatura muy alta se acercó a mi, me dí cuenta de que era vagabunda y su ropa estaba sucia, su rostro se acercó hasta el mío, sólo me bastó un beso en la mejilla para darme cuenta de que no estaba solo, jamás lo estuve y por fin, podía despedirme de este mundo...

Una última lágrima caía del cuerpo inerte del chico. La mano de la niña sostenía la del chico transmitiéndole todo su cálido aroma, demostrando que el mundo no es lo que ves, y que los ciegos ven lo que tú oyes.

Es un nuevo día y el sol ha salido, la vida debe continuar.


En honor a Germán

Rosa negra


El lápiz navega por mis ojos, dejando una perfecta línea a su paso como un caracol, el color rojo pasa por mis labios sangrando mis palabras, la sombra oscurece mi mirada y el maquillaje tapa mi verdadera cara. Con camisa, pero sin botones; Con falda, pero sin longitud; Con medias, pero sin opacida; Con tacones, pero sin estabilidad...

La camisa blanca aprieta mis pechos, la falda enseña su deseo, las medias estimulan lo ya estimulado y los tacones elevan el desastre.

Me encuentro esperando al miedo, sellándome en la necesidad, protegiendo a lo verdaderamente importante. Llega un coche, se para delante tuya, sabes que el miedo al que esperabas y odiabas está observándote, esperando a que te subas en el carromato y lo acompañes al infierno. Y aun sabiendo que estás junto al mismo demonio, abres la puerta, y sin mirarle a los ojos, te montas, y esperas llegar a la puerta de cerbero mientras ignoras las necias palabras del diablo...

Llego a casa, está amaneciendo, la pintura se ha difuminado por mi rostro, formando una especie de máscara rota, la ropa aprieta e incomoda, las drogas envuelven mi mente y la resaca se ocupa del dolor. Ando sin poder mantener el ritmo. Abro la puerta de la habitación de color de rosa, ella está durmiendo plácidamente, las lágrimas se me escapan cuando cierro la puerta para que no despierte y vea la sucia vida de mamá. Llego al dormitorio, vacío, tal y como lo dejé. Sin darme cuenta es por la noche, tengo que volver al trabajo y no sé cómo enfrentarme a él, vuelvo a colocarme el antifaz y el traje de payaso. Salgo de casa sin hacer ruido, pues no quiero despertar a mi hija y que me vea caminar hacia mi espinar.

Así transcurrieron varios años, hasta que un día... Los resultados del exámen médico tomaron el VIH como positivo en mi sangre, no es raro encontrar a una prostituta con sida, sin embargo, es raro saber que tú lo posees. He trabajado a costa de mi cuerpo, forzándolo para poder mantener a mi hija y a mí misma en un vida mínimamente mediocre, no puedo quejarme por haberlo contraído, pero son estos momentos en los que te das cuenta que tu vida no puede continuar a éste ritmo, que ha de cambiar, pero ya es tarde, la gente te conoce, te mira por las calles, murmuran sobre ti, gritan a tu costa y como no, rechazan lo visto. !Hipócritas¡ a más de una señora me gustaría contarle que su marido no está muy satisfecho con su esposa.
Como toda una señorita dispuesta a hacer de mi vida algo de provecho me retiro el antifaz, el lápiz corrido desaparece dejando una clara piel escondida tras de sí, es hora también de ajustar cuentas con los botones de la camisa, olvidar los dobleces en las faldas y comprar una media nuevas. Me suelto el cabello, pero no me gusta lo que veo, mi pasado me atormenta, me quito los tacones y los suelto en la basura, cojo unas tijeras y hago de mi, una nueva persona. Y por fin, con ilusión e imagen nueva, con emoción y esperanza nueva me dirijo al cuarto rosa para decirle a mi hija que mamá marcha en busca de vida.

Las ilusiones son cosa de ilusos, la imagen es un solo escondite, la emoción es pasajero y la esperanza es de necios. Nadie quiere a una chica que el VIH atormenta y la prostitución representa, salí una noche con ganas de empezar, pero terminé por una noche acabando. Con las puertas cerradas y las ventanas abiertas, el cielo no quiere darme paso, quiere que salte, que salte a lo más hondo, y como tonta no puedo saltar, pues ya salté al vacío cuando me abrí en par.

Durante los últimos años de mi vida estuve encerrada en una cama sin poder salir, el virus me destrozaba. Mi hija me cuidaba muy apenada, sabía cuál era mi destino y no podía cambiarlo. Sin embargo, sabiendo mi condición, un hombre me visitó cada uno de los días, se trataba de un sacerdote de un pueblo realmente lejano, me contaba historias de sus viajes, de la gente a la que había ayudado y extrañas hazañas que llamaron mi atención, llegó un punto, en el que conocí al señor amor sin darme cuenta, pero ya era tarde, mi vida estaba desgastada y no habría una segunda oportunidad.
Una noche no más importante que cualquier otra pasada agarrada de la mano por aquel hombre, se me acercó al oído para decirme que estaba locamente enamorado de mí. Me confesó como si de su Dios me tratase que sacrificaría su toga si me quedaba tan sólo una semana más, y así lo hizo. Paseamos por parques y vimos el cantar de los violines, subimos a la colina más alta del pueblo para enfrentarnos contra el viento, cortándolo en dos.
En una camilla y con una sonrisa en los labios besé a mi hija, agarré sus manos y me mordí el labio, una lágrima me burló y escapó. Miré a mi amado, se acercó a mi niña y la agarró por los hombros. Espérame me pedía mientras yo cerraba plácidamente los ojos.

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Sobre la entrada

Cuando dos sentimientos chocan y se pisan se produce una colisión.